Comenté anteriormente la orientación hedonista de esté blog. En mi ultimo post comentaba el placer que proporcionaba organizar un viaje o simplemente tener proyectos en mente. Cuando fracasamos en el intento nos sentimos fatal y se nos cae el mundo encima, pero es impresionante la capacidad del ser humano de levantarse e imaginar otra empresa.
Después de ser rechazado en el concurso de escultura de nieve, me asocié con un amigo y montamos una parada de flores en un mercado navideño. Nada menos que en Santa LLucia, un mercadillo qué se celebra hace más de doscientos años. No hemos ganado mucho dinero, pero tal y como están las cosas el no haber perdido ya es un milagro. Lo mejor: la gente que año tras año planta su negocio en la Catedral y pasa casi un mes entero de frío en la calle con la esperanza de ganar algo de dinero. Se crea una complicidad, charlas poco trascendentales (como explicar tu vida en diez minutos), y se pasan las horas y los días relativamente deprisa.
La satisfacción que produce el trabajo bien hecho, pagar a un trabajador que ha compartido contigo sufrimientos y alegrías, o simplemente contar dinero que ayer no tenias, también deben sumarse al balance.
Y después del trabajo a disfrutar de un merecido descanso, a imaginar nuevos proyectos y a reunirse con la familia y amigos a pasar las fiestas, comiendo platos suculentos y gozar de alguna sorpresa que otra como un concierto flamenco que nos brindo el maestro Javier Gavara.
Esta claro que lo que nos ayuda a tirar del carro, lo que nos mueve y lo que ha significado el exito como especie del hombre ha sido y es la búsqueda del placer, qué encontramos cada día manifestandose de diferentes maneras, ya sea probando un alioli hecho con aceite de los olivos de tu primo o regalarse los oidos con la pieza más difícil de Paco de Lucia tocada a la perfección.