sábado, 27 de octubre de 2012

Civet de Senglar:

Llega el otoño y con él sabrosos manjares, en el restaurante hemos sacado una nueva hamburguesa con setas, y la cocina se llena de nuevas propuestas. Mi jefe es un gourmet, y cuando acaba la faena le gusta guisar platos fuera de carta. Tiene amigos cocineros y cuando nos visitan nos deleitan con alguno de sus platos.
  Ayer probamos un civet de jabalí exquisito, y lo acompañamos con unos ceps preparados de dos maneras bien diferentes: Salteados con ajo y en carpaccio a la vinagreta de almendras.
   Es la segunda vez que pruebo el jabalí esta temporada. La primera fue en la escuela de artes y oficios:
El maestro nos reunió en la escuela, traia una olla llena de jabalí con setas, un fogón de camping y una espátula de madera. Hicimos un fondo para la bebida y nos sentamos a la mesa. Se trataba de organizar varios viajes a los diferentes concursos de escultura en nieve prensada alrededor del mundo. Los destinos eran: Harvin (China), Yukón, Inichen, Livigno, San Vigilio... El plan era reunir el máximo número de alumnos posible y bombardear con proyectos a los jurados de concursos de escultura de nieve. Formar los grupos y elegir los destinos fue sencillo, el mérito lo debemos conseguir realizando piezas atractivas. Aquí va la foto de una maqueta que si es aprobada se realizara en 27 m3 de nieve este invierno.
  La báscula continua con su busqueda del placer, puede que lejos de casa la próxima vez. 

jueves, 4 de octubre de 2012

DE TAPAS

    El pasado fin de semana acudí a la I Feria de la Tapa de Barcelona. Veinticuatro restaurantes exponían tres tapas cada uno. Imposible probarlas todas. La primera que llegó a mi boca fue un ravioli de rabo de buey, bolets y brotes de sisho, le siguió una miniburguer de corzo con mucha poesía y unas croquetas de morcilla. También engullí unas sardinas de playa confitadas, una navaja con judías pintas y un falso rissoto de setas puerros y langostinos, como me sobraba una ficha de postre me zampé unas croquetas.
   Lo malo de esta feria es que entre caña y tapa vas perdiendo la cuenta de lo que llevas, como el canelón de molleja de pato con salsa de ceps que me olvidaba de comentar, y al ser raciones pequeñas vas picando y te parece que estas comiendo poco.
   Hace tiempo que no me subo a la báscula, y aunque he estado yendo regularmente al gimnasio, tengo la impresión que me he subido algún kilito.
   He retomado el placer de dar martillazos a un tronco. Reinicio mi abandonada carrera de escultor tímidamente un día a la semana en un monográfico de talla de madera en la escuela Pau Gargallo. Por aquí puedo quemar unas cuantas calorías, aunque el maestro además de escultor es un diestro cocinero que ya ha organizado una reunión de escultores para asistir a concursos por todo el planeta con una paella incluida, así que ya veremos.